jueves, 30 de septiembre de 2010

PERSONALIDAD DEL MES


Pudo llamarse Hamlet,pero fue Amleto. Porque doña Amalia, su madre, asi lo quiso y don Carlos Vergiati, el diputado obrero, que amaba a su mujer, no la contradijo, pero aportó el Enrique. Y asi, Amleto Enrique Vergiati, llegó al mundo en la vía Borgo San Nicoló n°25 de su Parma natal el 15 de octubre de 1910.

Pocos años después, el matrimonio Vergiati y sus tres hijos, partía en el Conte Rosso hacia Buenos Aires y ya en nuestra ciudad, mamá obliga a Amleto a rendir como alumno libre, cuarto, quinto y sexto grado. Ingresa al Nacional Rivadavia de Chile y Entre Ríos, donde cursa hasta tercer año. Luego estudió inglés en el Instituto Berlitz y taquigrafía en la Pitman, mientras trabajaba como inspector en una línea de colectivos con terminal en San Juan y Boedo. Ya escribía sus primeros poemas y trajinaba la Boedo pujante del brazo de Cátulo Castillo, de Dante A. Linyera, de Alvaro Yunque, de Cesar Tiempo y tantos otros queridos frates como él los llamaba.

Dueño de un meduloso conocimiento del idioma, gozaba con la lectura de Verlaine, de Baudelaire, de Borges, cuyos libros siempre lo acompañaban en sus versiones baratas de bolsillo, pero colmaba su emoción con los versos de Raúl González Tuñón, de Olivari, de Linyera, de Alvaro Yunque, de Homero Manzi.

Solía citar a Unamuno cuando decía:..."hay que chapuzarse en pueblo, plasma germinativo, raíz de la continuidad humana. Prefiero un libro que hable como un hombre a un hombre que hable como un libro"...

Alternó en los boliches con malandras y pungas.Dialogó en el Tortoni y mano a mano, con Jorge Luis Borges en un contrapunto de recíprocas metáforas, segun nos contara su gran amigo y testigo de diálogos, el poeta Alberto Mosquera Montaña.

Julián comenzó escribiendo como "Juan de la Luna", como "Shakespeare García", como "Enrique Alvarado"(seudónimo con el que firmó su obra "El recuerdo de la enfermería de San Jaime"), para devenir en Julián Centeya el que, como dijera Cesar Tiempo, "buscaba en las palabras la versión verbal de la música y del alma de la calle".

Nos dejó una hermosa herencia. Además del título citado, escribió "El misterio del tango", "La musa mistonga", "En una esquina cualquiera", "La musa del barro". De su autoría son las letras de los tangos "Lluvia de abril", "Más allá de mi rencor", "P'a los muchachos", "La vi llegar", "Claudinette" y las milongas "Felicitas" "Julian Centeya".

Ejerció el periodismo y fue columnista de "Crítica", "Sábado", "La canción moderna" (revista de la que fue fundador). Libretista radial y panelista en diversos programas de Radio Belgrano y Radio El Mundo, entre otras emisoras, logró notable repercusión con "La mesa cuadrada del tango", donde compartía diálogos y recuerdos con Sebastián Piana, Cátulo Castillo y Roberto Giménez.

Participó además en el canal 9 de TV, junto a Alberto Mosquera Montaña, en el programa "Grandes valores del tango"

Vivió en Alzaga 2044; en el pasaje Sócrates, de Coghlan, rodeado de libros y gatos, según lo recuerda el Dr. Luis Alposta. Sus últimos años, lo hallaron viviendo en Paraguay 3377, donde adornaba su dormitorio un poema de Rimbaud enmarcado sobre un bastidor de colores, que gustaba leer a sus ocasionales visitantes.

No sólo vivió en Boedo. Fue de Boedo y la hizo suya. Por sentimiento y confesión.

El infarto lo tumbó. Se fue del sanatorio sin esperar el alta y tuvo que regresar para el viaje de ida que lo integró a los "ñericompas" (como también llamaba a sus hermanos de la vida) que lo esperaban, el 26 de julio de 1974,porque al sover del cielo, le faltaba una estrofa.
Este texto pertenece a Horacio Di Giuseppe, miembro de la Junta de Estudios Históricos del barrio de Boedo, quien gentilmente nos lo facilitó para su publicación.


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