martes, 1 de septiembre de 2015

PERSONALIDAD DEL MES



RECUERDO DE JUAN PEDRO CALOU 

Autor : Lubrano Zas 




Juan Pedro Calou nació en 1890 (año en que se celebró por primera vez  en la Argentina el 1 de Mayo. La histórica revolución contra Juarez Celman, llamada del 90, cuyo espíritu reflejó Julián Martel en "La Bolsa" (1891), y murió a los 33 años el 22 de septiembre de 1923, cuando la primavera estallaba frenética, ávida de colores.
Tenía traza de asceta. Era de mediana estatura, enjuto, de frente descubierta, de ojos incisivos, tristes, de labios finos, sensuales y manos nerviosas, largas , de artista. Vestía harto pobremente y cubría su cabeza con una gorra raída. El aspecto exterior lo consideraba superfluo; en cambio prestaba desmedida atención a su indumentaria espiritual. Por propia determinación, según su biógrafo, habitaba un cuartucho de chapas de cinc en los fondos de su casa. Allí componía sus poemas, confeccionaba sus cartas - muchas de ellas incontrables y de tanto valor como sus versos- allí hacía música para sí (tocaba la guitarra, el piano; pero soñaba con adquirir un órgano.


Bach, Beethoven, Wagner, le revelaron un mundo gigantesco desconocido) Su madre, una viejecita viuda, de magra figura, natural de las tierras vascas fronterizas a Francia, era la única en comprenderlo:
"Somos como dos brazos que cumplieran una misma efusión en torno a un busto"

(¡Pobre gran artista! Lo veo solo, llorando, echado de bruces sobre su camastro de hierro. Fuera, pegada a la chapa de cinc, la esmirriada silueta de una mujer percibe con angustia el llanto del inadaptado. El aire es frío. Por el cielo pasan despacito nubecillas blancas. En el grave silencio de la noche, la madre solloza).
La época de Juan Pedro Calou puede clasificarse como extraordinaria, dado los acontecimientos extranjeros que la fecundaron. Su bloque, que llevaba en sí, la simiente de un renacimiento literario, reflejará en su producción - no directamente; pero si alambicadamente - esa dependencia histórica. Perteneció a ese grupo que surgiera en 1915 con Fernández Moreno, Storni, Pedro Miguel Obligado, Juan Carlos Dávalos, Blomberg, y, entre otros, Rafael de Diego, que después de Rubén se lanzó a la búsqueda de la íntima expresión del hombre, el cual no alcanzaba a columbrar su destino, sobrecogido ante la debacle imperialista del 14. Luego vendrá la brillante generación del 22, sobre la que incidirá este heterogéneo grupo intermedio, particularmente Pedro Calou, cuya clara, ajustada y viva voz, influirá en dos bandos antagónicos:



 "Boedo" y "Florida"
Habrá quienes sonreirán escépticamente: ¿Calou gravitando sobre la promoción descontentadiza del 22? ¿Y por que no? ¿Cual es el patrón para medir el modo y  la intensidad de las influencias literarias? Los que amaron la poesía de Pedro Calou recibieron, sin duda alguna, su directa influencia; pero quienes la menospreciaron ¿no la tuvieron acaso presente, en su memoria, a fin de negarla constructivamente? Las influencias literarias no se discuten; se aceptan. No se trata de imitaciones. Nada hay primero, dice Azorín, espontáneo o incausado en arte; aún los artistas que parecen más originales deben toda su fuerza, todo su vigor, toda su luminosidad a una sugestión extraña a ellos. La generación española de Pío Baroja, de Valle Inclán, llamada del 98, constituye en este sentido , un ejemplo.
El autor de "Humanamente" leía con fruición a los clásicos italianos: Dante era su preferido. La resplandeciente literatura francesa que, según Balzac, daba su claridad, es la trompeta del mundo, lo excitaba e impulsaba a la creación. Fácil es adivinar al través de Calou, la tersura de Montaigne. De paso su "Retrato de mujer"¿no es la sangre ardiente de Darío, sus dilatadas venas, su fina galanura?
Algunos antologistas excluyen a Pedro Calou de la poesía social. Es verdad que él, anarquista como Ghiraldo y Maturana, reaccionó distintamente frente al medio circundante y la realidad histórica. Como escribe Julio Noé, su poesía es trascendente; pero admitamos también que carece de adherensias cursis, de intimismo, no obstante contener las reconditeces que de suyo revela el mundo íntimo del poeta; 
"Yo no canto las rosas ni la melancolía, ni el nublado recuerdo de un afectivo día".
Tampoco:
" a la amante que murió en primavera"
Observemos que Calou no está ayuno de elementos afirmativos: 
"Mal hombre es aquel hombre que en el dolor pequeño
 no es capaz de la férvida integridad del leño".
La complexión intrínseca de su poesía excluirá el aspecto de la militancia social; pero alejará aquella parte moral sin la cual la verticalidad del hombre es imposible. Su mérito mayor consiste en haber dado a la juventud de su tiempo, las dimensiones de grandeza necesarias al impulso renovador de la época.
A fines del siglo una nueva clase, la proletaria,hará su aparición en el escenario de la vida social argentina. Su irrupción quiebra la calma de "la gran aldea". Las fábricas, con su estrépito, poblaban el aire de ruidos desconocidos hasta entonces, y la agitación que de ellas se desprende señalará un período importante para nuestra historia. La lucha de las masas obreras en pro de sus intereses materiales conmoverá el panorama nacional y, ya en 1914, provocará en un grupo de artistas que llamábanse a si mismo"artistas del pueblo"

(lo componían Agustín Riganelli, Arato, Facio Hebecquer, Vigo, Palazzo, Quinquela Martín y Bellocq), una honda simpatía hacia la gente sencilla, a quienes pintaban o esculpían, remozados por un invencible sentimiento de fraternidad. Las figuras mayores de Florencio Sánchez, Fray Mocho, Monteavaro, José Miró y Evaristo Carriego, habían desaparecido físicamente, dejando una estela luminosa. Los libros llegaban desde lejos, cual pájaros extraños, con una espiga dorada en el pico. Era la hora en que Pedro Calou, inflamado de justicia, reprochaba a Nervo el "seguir sonriendo", y no dirigir su  "afán de bondad"  a los oprimidos. Tengamos presente, escribía, que cada uno de los actos de nuestra vida es la reproducción de una desgracia o de una alegría de la tierra: somos el  receptáculo de todo su destino, somos el libro viviente del mundo. Cada día era más duro vivir, cada día más difícil expresarse. Todo parecía conspirar contra Calou, y los que como él veían en la pluma un medio de comunicación, de contribución hacia formas superiores de humanismo. Trabajo toda la mañana, decía, y aún cuando no me fatigo, salgo del diario con una invencible repugnancia por la pluma. Sentía aversión por el oficio de periodista por que le obligaba a distraer su pensamiento. Las capas populares estaban escribiendo una historia distinta, mejor, en la que él participaba ebrio de excitación: "Que el rebelde a lo injusto me reclame y yo seré a su lado"
No conocía al artista desvinculado de la realidad y, enamorado del "hecho que renueva", se entregaba a la fundación de bibliotecas populares, a colaborar en periódicos y revistas de ideas, por ejemplo "Frente Único"  y "Nosotros", 



revista esta de Bianchi y Giusti, en la que Calou, entre otras cosas, hacía de crítico musical.
No era un poeta satisfecho, lleno, sino inquieto, estremecido de emoción, tal cual Tostoi lo soñara. De éste aborrecía la "no resistencia al mal" tanto, como amaba la equidad, la amistad, la noche "altísima y clara", la naturaleza (la veneraba hasta las lágrimas, como podemos observar en "Caminando" y "Tormenta", composiciones de una transparencia conmovedora),y, aunque el niño no viva en su poesía, le quería con ternura (un día se golpeó con un vigilante porque éste maltrató a un pequeño lavacopas)
La obra poética de Juan Pedro Calou, breve cual parábola, debería reeditarse en ediciones pequeñas, de bolsillo, cuidadosamente impresa, tal corresponde a su íntima textura; asimismo el libro de Juan Palazzo "La casa por dentro" escritor de su generación, precursor del cuento realista suburbano, actualmente olvidado.
Desde el 27 de agosto de 1937, una vía pública se denomina "Juan P. Calou". Es una callecita porteña humilde; pero en ella se da cita toda la diversidad profunda de la vida. Los jóvenes tienen así la oportunidad de retener, en su memoria, su nombre fácil de mies.

Publicado en "Nuevo Ciclo" 
Publicado en "Arte Color"  Año 2 Nº 2  Enero 1955 



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